Marcelo Reuca

Mi piano

Con una gran alegría en mi corazón te vi llegar aquella mañana a la puerta de mi casa. Esa alegría que fue conseguida con esfuerzo y dedicación, y que ese día, Dios permitió que llegaras.

Mi piano, mi propio piano que ahora me permitiría plasmar para la grandeza del Señor, esas melodías y letras que han rondado en mi cabeza por tanto tiempo.

Recuerdo que día tras día intruseaba en tus teclas tratando de dar forma a mi anhelado proyecto musical: una obra para Jesús.

Pero la tarea no fue fácil, muchas veces me arrodillé mirando al cielo y buscando inspiración, pero esta no llegaba. Cuantas noches cubrí tus teclas sin resultado alguno.

Sin embargo, una tarde con la biblia en la mano, el Espíritu Santo abrió sus hojas en el capítulo en donde Nicodemo visita a Jesús y éste le indica que, para conocer a Dios, debería nacer de nuevo.

En ese momento sentí que había llegado esa inspiración tan anhelada, pues la composición tiene que ver con un estado, un estado de ánimo espiritual, el estado que mi espíritu necesitaba para crear y que ahora el poder de Dios me lo entregaba mediante ese capítulo sagrado.

Entendí que debía nacer de nuevo, de forma espiritual, posicionarme en ese estado de restauración, de refrigerio, y acariciando tus teclas, cerré los ojos y le dije a Dios: “hazme de nuevo”

En solo un par de horas, gracias a esa súplica, ya estaba resuelto el primer tema de mi álbum “Tiempos de Refrigerio”.

La inspiración se ha mantenido hasta ahora, en donde juntos le hemos dado vida al resto de este trabajo, viendo nacer a “Visítame otra vez”, “Salmo 34” y “No está aquí”, entre otros.

Hoy, no estás conmigo, pero sigues en mi corazón. En un gesto de amor y sacrificio, te he ofrendado a mi Señor, estás en su casa, en donde te corresponde estar, querido piano.